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ANNA AJMATOVA

EL SAUCE

 

Y el manojo de árboles vetustos

                                           Pushkin

 

Crecí en medio de un silencio de arabescos,

en la habitación infantil y fría del joven siglo.

No me era grata la voz de los hombres,

sólo entendía la de viento.

Yo amaba la ortiga y la bardana,

pero por encima de todo, al sauce plateado.

Agradecido, él vivió siempre junto a mí,

sus ramas sollozantes

cubrían de sueños mi insomnio.

Y, extrañamente, le he sobrevivido.

Afuera el tronco cercenado permanece

mientras otros sauces con voces alienadas

algo dicen bajo nuestro cielo.

Y yo guardo silencio… como si hubiera muerto un hermano.

(1940)

 

. . . . . . . . . .

 

Veintiuno. Noche. Lunes.

El contorno de la capital es brumoso.

Un ocioso ha inventado

que existe el amor sobre la tierra.

 

Por desidia o por cansancio

todos le han creído y así viven:

aguardan los encuentros, temen las despedidas

y entonan canciones de amor.

 

Más, para otros se revela un misterio

y los invade el silencio…

Yo di con esto por casualidad

y desde entonces ando como enferma.

(1917)

 

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XII

LÍNEAS DE ZÁRSKOIE SIELÓ

 

El viento del otoño sopla

como el quinto acto de un drama,

cada jardinera del parque

parece una tumba reciente.

Consumado el banquete fúnebre,

no hay nada más que hacer.

¿Por qué espero entonces, como si pronto

tuviera que cumplirse un milagro?

Así, una pesada lancha

puede sujetarse por largo tiempo junto al muelle,

como una mano débil despidiéndose

de aquel que permaneció en tierra firme.

(¿1944?)

 

. . . . . . . . . .

 

¿Por qué envenenaron el agua

y enlodaron mi pan?

¿Por qué la última libertad

la han convertido en madriguera?

¿Acaso porque no me burlé

de la amarga muerte de mis amigos?

¿O porque fui fiel a mi triste patria?

Que así sea.

Sin verdugo y sin cadalso

no se es poeta en la tierra.

Son para nosotros las  camisas de penitente,

el caminar con velas y ahullar.

(¿1935?)

 

. . . . . . . . . .

 

ENSUEÑO

 

Tu y yo llevamos el mismo peso

de una larga y negra despedida.

¿Por qué lloras? Dame tu mano,

promete regresar a mis sueños.

Somos como una montaña frente a otra…

No volveré a encontrarme contigo en este mundo.

Sólo si me enviaras recuerdos a medianoche

con las estrellas.

(1946)

(Ciclo El escaramujo florece)

 

. . . . . . . . . .

 

Hay palabras irrepetibles.

Quien las dijo perdió demasiado.

Sólo el azul del cielo

y la misericordia de Dios son inagotables.

(1916)

 

. . . . . . . . . .

 

Ruego al rayo de la ventana

pálido, fino y recto.

Hoy desde temprano guardo silencio,

el corazón está escindido.

En mi aguamanil

el cobre ha enmohecido

y el rayo juega con él.

¿Qué alegre es verlo!

Tan inocente y sencillo

en el silencio nocturno,

en eta casa vacía

él es una fiesta áurea

y un consuelo para mí.

(1909)

 

. . . . . . . . . .

 

Junto a la mesa están las horas de la tarde

y la página irremediablemente en blanco.

La mimosa huele a Niza y a calor.

Un gran pájaro vuela con la luz de la luna.

 

Y, tejiendo tensamente mis trenzas en la noche,

como si las necesitara mañana,

sin entristecer, miro por la ventana

hacia el mar y las pendientes arenosas.

 

¡Qué poder tiene el hombre

que no pide ni siquiera ternura!

No puedo levanta los siglos cansados

cuando él pronuncia mi nombre.

(1913)

 

. . . . . . . . . .

 

¿Me perdonarás estos días de Noviembre?

Las llamas tiemblan en los canales del Neva.

Es indignante la belleza del trágico otoño.

(Noviembre de 1913)

. . . . . . . . . .

 

Abandonaré tu casa blanca, tu jardín apacible

y la vida será desierta y lminosa.

A ti alabaré en mis versos

como ninguna mujer supo hacerlo jamás.

Tu recordarás a tu amada

en el paraíso creado por ti para sus ojos

y yo comerciaré mercaderías escasas,

venderé tu amor y tu ternura.

(1913)

 

. . . . . . . . . .

 

¡Qh, era un día frío

en la maravillosa ciudad de Pedro!

El atardecer descansaba como una hoguera púrpura

y lentamente la sombra se hacía espesa.

 

Aunque él no ame mis ojos

proféticos e inmutables,

siempre perseguirá el verso

y la plegaria de mis labios soberbios.

(1913)

 

. . . . . . . . . .

 

LOS VERSOS

 

A Vladimir Narbut

 

Son bagazos de insomnio,

mechas carbonizadas de velas torcidas,

toque de alba

en cientos de campanarios blancos…

tibio banco de la ventana

bajo la luna de Chernigov,

son abejas, melilotos,

polvo, tiniebla y ardor.

(Ciclo Secretos del oficio)

 

. . . . . . . . . .

 

Tal vez muchas cosas quieran aún

ser cantadas por mi voz:

lo que retumba en el silencio,

o lo que emana de la roca en la oscuridad profunda de la tierra,

o tal vez lo que en el humo se revela.

Todavía no he aclarado mis cuentas

con el fuego, ni con el viento, ni con el agua…

Pero muy pronto este sopor

me abrirá las puertas de par en par

llevándome tras una estrella matutina.

(1936-1960)

(Ciclo Secretos del oficio)

 

. . . . . . . . . .

 

Y la gloria navegaba como un cisne

a través del humo áureo.

Pero tú, amor, fuiste siempre

mi desolación.

(Ciclo Sarta de cuartetas)

 

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CASI PARA UN ÁLBUM

 

Al escuchar un trueno, me recordarás

pensando: ella añoraba las tormentas…

En el cielo la franja será escarlata ardiente

y abrasará el corazón, como antes.

Eso ocurrirá un día en Moscú

cuando abandone la ciudad para siempre

y retorne al anhelado hogar

dejando entre ustedes sólo mi sombra.

(Ciclo El trébol moscovita)

 

. . . . . . . . . .

 

Todos se fueron y  nadie regresó.

Fiel a la última promesa amorosa

sólo tu diste la vuelta

para ver el cielo ensangrentado.

La casa estaba maldita y maldito el oficio.

Era inútil el dulce canto

y no me atreví a levantar la mirada

ante mi terrible destino.

Profanaron la claridad de la palabra,

pisotearon el verbo sagrado

para que yo lavara la sangre del piso

con las enfermeras del treinta y siete.

Me separaron del único hijo,

torturaron a mis amigos en los calabozos,

me rodearon con empalizadas invisibles,

fortalecidas en su armonioso acecho.

Me premiaron con la mudez,

mendigando la condena para el mundo,

me llenaron de calumnias,

calmaron mi sed con veneno

y conducida hasta el límite,

fui abandonada allí por alguna razón.

Por eso a esta loca ciudadana

le gusta divagar por plazas agonizantes.

(1959)

 

 

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NOCHEBUENA (24 DE DICIEMBRE) Último día en Roma

 

El cierre de un ciclo reciente

es tan difícil para el corazón,

he abandonado muchos hábitos en la vida

y ya casi nada me hace falta.

 

Creo en los pinos de Komarovo

hablan en su propia lengua

y como primaveras aisladas

se yerguen en los charcos, bebiéndose el cielo.

(1964 De Borradores y bosquejos)

 

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Soy vuestra vos (antología)

Selección, prólogo y traducción del ruso: Belén Ojeda

Edición bilingüe / Poesía Hiperión

 

Anna Ajmátova c

 

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