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PRINCIPIOS DE FEBRERO

No.

El hermoso verano

no ha terminado aún.

Nos queda un mes para estarse en los patios

y descalzarnos

mientras charlamos

de esto y aquello

sin ton ni son.

Todavía habrá hombres de brazos tostados

en las calles

de la ciudad envuelta por la noche

brotada toda

como un lazo de amor.

 

No.

No me sostengas que no voy a caerme.

Sólo se caen las estrellas fugaces

y yo —te dije—

quiero permanecer.

 

Un hombre es bueno para una noche.

Cuando amanece es un reflejo dorado

sobre la cama donde se toma café.

Y es agradable el olor que deja.

Dura todo un día.

Pero no toda la vida.

 

Luego hay que descansar.

El libro de Kavafis y el de Pavese

sobre la mesa de luz.

Hay que aminorar la marcha.

Sentarse un rato a solas

en el sillón del patio.

Mujeres: tendríamos

que aprender de los gatos.

¡Cómo agradecen el tazón

que rebosa de leche!

 

Falta para el otoño.

Que nos encuentre intactas.

Sin habernos negado

a estas pasiones

que cada tanto

asaltan.

. . . . . . . . . .

 

TRAGEDIA GRIEGA

 

A veces la confusión se produce

al elegir un rol equivocado.

 

Algunos sólo servimos

para estar en el Coro

diciendo parlamentos y canciones

que aclaren las pasiones de la Obra.

 

Cuando la vanidad

la euforia o simplemente

la grandeza del tema

nos convierte en actores

paralizados

olvidamos el texto

quedando en un ridículo silencio.

. . . . . . . . . .

 

Mi cuerpo

 

Hay momentos en que mi cuerpo me parece

como una casa abandonada.

 

Y no sé si soy yo

o es mi fantasma

que ha entrado en él

por error.

. . . . . . . . . .

 

Depresión

 

III

La casa que me protegía me expulsa

quiero salir

y no tengo a dónde ir.

“Soy una pobre amanuense”.

¿Quién tendrá piedad de mí?

 

IV

Me siento como en una cárcel

en una pequeña red de pescador.

Casi no puedo moverme.

Algunos peces me acompañan.

Son mis amigos.

Soy su sirena.

Son los peces-palabras:

espero ansiosa el momento de atraparlos

y empezar a cantar.

. . . . . . . . . .

 

BICHOS EN MI CASA

 

III

Porque ya no hablamos

me creo liberada de nuestra unión.

Es ingenuo.

Ambos tenemos el tesón

y la paciencia de la araña.

Puede permanecer un año escondida.

Y es un misterio saber qué la alimenta.

. . . . . . . . . .

 

A  MANUEL INCHAUSPE,

EN EL HOSPICIO

 

Las nuestras, mi amigo,

son obras pequeñas.

Escritas en la intimidad

y como con vergüenza.

Nada de tonos altos.

Nos parecemos a la ciudad

donde vivimos.

 

Perdiste tus últimos poemas

y yo casi no escribo.

 

De allí

esos largos silencios

en nuestras conversaciones.

. . . . . . . . . .

 

Estela Figueroa

El hada que no invitaron

Obra poética reunida 1985-2016

Bajo La Luna, 2016

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