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Ines Manzano II

Arrodillada

sobre agujero cruel

que se me traga

las voces de las hijas

las preguntas

que a sus trenzas atábamos

cuando todo era niebla

 

Aferrada

a la rama más débil

a su voz que me deja

al tapiz de esa música

que cunde bajo tierra

y fulgura

y me vence

 

Reposo

en la brizna sagrada de sus sueños

en mi abrazo celeste que rodea

su cabeza estallada

 

en lo que pierdo

 

Yo guardaba

las cosas que decía

la hilera de sus pasos

su caricia de avena

entre los utensilios

 

por las dudas

 

Respiraba

del ritmo de su pecho

 

Alguna vez

tirados en el pasto tuvimos todo el tiempo

 

Ahora sólo tengo

la argamasa que cede a sus latidos

tres temblores gemelos

y una camisa hueca

que humedezco de lágrimas

en un confín del mundo

enmudecido

Déjenme recostada en su costado

besarle los fragmentos

 

No hay ternura como ésta

que resista

los embates brutales de tal pena

 

Desangelada muerte

que se lleva a mi Carlos 

 

Quiero oír el silencio

 

Más allá

del rumor de su sangre que me hiere

no queda más que viento

 

a Carlos Fuentealba

y a la mujer que lo amaba

 

 

 

De la serie de la escuela, de su libro Si es puñal que me mate, Papeles de Boulevard (2012)

 

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/las12/13-10543-2016-04-29.html

 

Suplemento Las12

Viernes 29 de Abril de  2016

INES MANZANO

POESÍA ERAS VOS

 

Por Paula Jiménez España

El sábado 9 de abril, en el último encuentro del ciclo de poesía Literatura viva, Inés Manzano compartió un poema suyo dedicado a Carlos Fuentealba. Poniéndose en la voz de la mujer que acompañó en vida al maestro asesinado en Neuquén, Inés recitó de memoria, como siempre, sin bajar la vista para apoyarse en la seguridad del papel, porque a ella recordar, dijo una vez, le permitía ser libre. Esos versos tristísimos, que podrían consonar con otros de la mexicana Rosario Castellanos (“¿En quién me va a matar la muerte? En los que amo”), dicen: “Yo guardaba/ las cosas que decía/ la hilera de sus pasos/ su caricia de avena/ por las dudas/ Alguna vez/ tirados en el pasto tuvimos todo el tiempo/ Ahora solo tengo/ la argamasa que cede a sus latidos”. Era un poema de amor, pero era un poema político. Era un poema sobre las consecuencias de la política en la vida amorosa, esa zona que tantxs creen privada. A la hora de recitar (tardó muchos años en animarse a hacerlo delante de otrxs), nadie podía obviar su voz suave que era sin embargo de una gran contundencia. Esa tarde lluviosa, esta porteña, autora de “Si es puñal que me mate” (Rosario, Papeles del Boulevard, 2011), recogió sus merecidos aplausos y luego se levantó de la mesa sin aspavientos, como si nada hubiera pasado. Y en verdad, nada habría pasado salvo el deleite de escucharla, si no fuera porque aquella fue su última lectura pública. El pasado domingo 17 de abril, gran parte de la comunidad poética se reunió para despedirla en una sala velatoria de Chacarita donde un féretro cerrado no ostentaba grandes coronas sino sencillos ramos y una V peronista, apasionada y desprolija, escrita en blanco sobre la madera lustrosa. A unos metros, las editoras de La mariposa y la iguana repartían a lxs asistentes unas plaquetas pequeñas en formato de origami con algunos de sus escritos. Esa combinación (peronismo y poemas) parece haber resumido dos de los mayores intereses de su vida. Y podría decirse que durante años, en la práctica hizo de ambos una sola cosa al ocuparse de federalizar la poesía y popularizarla mediante la creación, junto con Cayetano Guzmán, del ciclo “Interiores” (por el que recibió debidos reconocimientos en los últimos Festivales de poesía de los que participó). Sobre esta labor de hormiga escribió recientemente la poeta Irene Gruss en su blog “El mundo incompleto”: “Inés Manzano tuvo la idea única de hacer un ciclo de lecturas en el que se invitara a un poeta de las provincias a leer en Capital. Ese ciclo se llamó Interiores. Muy pocos la ayudaron. Inés invitaba, conseguía hospedaje, pagaba los viáticos y la comida. Imprimía una plaquette con material del poeta o de la poeta en cuestión, que repartía durante la lectura, y un póster ilustrado por buenísimos plásticos. Las sedes de dicho encuentro eran mínimas bibliotecas o el IMPA. Cero difusión de prensa. A pulmón, cada cosa, cada detalle, como el acompañar a cada unx de ellxs a Retiro hasta la hora de su partida”. Por todo esto no sería exagerado usar la palabra amor para hablar de lo que a Inés le pasaba con la poesía y con los y las poetas, con quienes compartía largas charlas nocturnas sin importarle si al otro día tenía que levantarse temprano para ir a trabajar (era bibliotecaria). Versos como “Hemos sido tocado/ por los dedos azules de unos versos/ que asediaban el vientre donde estábamos/ desde antes del principio// De ahí viene la cosa”, parecen decir que Inés Manzano se sentía unida a otrxs escritorxs por provenir, igual que ellxs, de una raíz mágica y azarosa. Cuentan sus amigxs y familiares que prácticamente no dormía y se olvidaba de comer, pero no de leer, no de escribir. Gran parte de sus energías vitales fueron a parar a esta pasión por la que hizo trabajos tan concretos e invisibles como el de tipear la obra inédita de Susana Thènon para que fuera incluida en los tomos de “La morada imposible”. Además de todo esto, Inés Manzano fue miembro de “Poesía en la Escuela”, de la “Red Federal de Poesía” e integró la comisión organizadora del Festival Internacional de Poesía en el Centro (Centro Cultural de la Cooperación). Últimamente se dedicaba a compilar material para una antología de poetas del interior del país. Sus muestras de generosidad han sido infinitas y resulta difícil pensar que ya no circulará por los recitales de poesía sonriendo y luciendo esos vestidos largos y delicados que la hacían parecer un ser distinto, fuera de las modas y del tiempo.

Inés Manzano Si es puñal que me mate

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