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Elvio E. Gandolfo

                                          para Juan José Millás y

                                                 José María Merino 

 

En la vereda de la noche

se aferra con ganas,

ayudada por el follaje:

hay que mirar con cierto

cuidado al caminar.

 

Pero entre las hojas

espesas del árbol se entrevé

primero y después se ve

esa luz inconfundible

para mí desde hace un tiempo,

esa luz que Juan José

definió como “luz de Velázquez”:

más bien blanca, lisa, metálica

y liviana al mismo tiempo.

 

Aunque ahora es una vereda

de Palermo. Sigue siendo

luz de Velázquez hasta la esquina,

poco después inunda todo el cielo:

no es aquella luz de una meseta

seca y más bien ilimitada

que rodeaba la ciudad.

Es una luz, digamos, de imitación,

que poco a poco se va revelando

cada vez más húmeda, cada vez

menos seca y viril, menos mística.

 

Una luz de estuario, de aguas

que se acercan inciertas a la costa,

una luz que de a poco va teniendo

primero, casi después de todo

el claro celeste enkilombado

de la patria nacional.

 

 

. . . . . . . . . . . .

El año de Stevenson (primer trimestre)

Elvio E. Gandolfo

Editorial Iván Rosado

 

 

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