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Flor del llano

III

un vikingo callado

varó entre mis sábanas

lo alimenté unas noches

antes de zarpar dijo

que el príncipe azul estaba dentro de mí

 

cada dos por tres

ando pariendo

brazos, piernas o torsos de hombre

los condimento,

los guiso con lentejas o arroz,

porque no se conservan

frescos fuera de mi cuerpo

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

X

hombres-bubaloo que largan un juguito violeta espeso

y a la segunda mascada ya no tienen sabor

 

hombres-grillos que te crispan los tímpanos

y se esconden atrás de los muebles

 

hombres-escarabajos de córneo caparazón

que dan pena con sus patitas endebles

hombres-torpedo: te incrustan su falo, después: su trabajo,

su mujer, sus amigos, sus créditos, sus días ingratos

 

hombres con espaldas donde yo me tendería, reposando,

en una playa junto al mar y ahí recostada, escuchando las olas,

de vez en cuando preguntaría: ¿querido, cómo estás?

huelen a pasto recién cortado, a cloro en verano, a sal de centauros

algunas especies de hombres dorados que crujen como panes

se deshacen en migas que desparramo como agito el mantel

 

otros tienen olor al fondo de cajones cerrados

donde las pelusas y las naftalinas engendran escuerzos

que saltan a tu palma y te untan un aceite frito de pescado

 

samuráis que tajean prolijos tu vientre

con sus manos de junco

buñuelos del color de la miel cuyo centro blando

masticás impotente sin dar con un grumo de donde prenderte

 

los de nalgas preciosas que piden a gritos un tutú rosado

los de tetillas delicados como flores de mazapán

 

hombres que arrastro hasta la cancha embarrada después del picado

los de párpados pesados, andan con ojos de sueño

el pelo alborotado en nidos de carancho donde pondría mis huevos

 

faunos rientes que te hacen cosquillas con el azúcar de sus dientes

los invito a dormir para escuchar cómo respiran a mi lado

 

huérfanos empantanados en la espera, nos seducen sus ojos sin fondo

focos quiméricos donde nunca hay mareas

 

los pirotécnicos que pasan sin efectos secundarios

y los príncipes pálidos que se inyectan agua de azahar

hombres que sólo en manada se sienten felices

hombres disfrutables como una peli a la tarde

o portátiles para la cartera de la dama

que se despliegan como una navaja suiza

y te tallan el torso la cintura los tobillos

 

hombres de dulce paladares, codiciables

con nombres como ungüentos derramados

cocidos a fuego bajo liberan olor a nardo

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

I

la nena tuvo educación católica

así que cuando él la mansa

la corcovea, la encarrila

le sacude un bife y la mira

la niña, dando vuelta la cara,

le ofrece la otra mejilla

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

XII

le brotan cabos del ombligo

ella puja hasta parir

unos óvulos carmín

como gemas de hígado

que ruedan sobre su vientre

 

(dicen que el hígado de las putas

tiene virtudes curativas,

que todo pasa con el tiempo)

 

hasta del criadero de huevas rojas

de los días que traen su prole

puntualmente, a eso de las tres

en una tierra blanca y fría

mete los restos

se limpia las manos en el mantel

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

XI

mamá fería dedos de caballero

con baño de azúcar y limón

siempre hay algo dulce

para las visitas,

en bandejas,

sobre los roperos

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Flor del llano

Carina Radilov

Espiral Calipso Ediciones, 2011

cariradilov@hotmail.com

 

 

 

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