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Alejandra Correa

Hay días

en que nuestra pequeña memoria

solo tiene espacio

para una lágrima oscura

que nos amamanta

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Puede ser que haya

únicos niños de octubre

y que yo tenga en ellos

el destino puesto

de tierra y agua

 

que de mí partan raíces

y juncos me aten de pies y manos

a  esta tierra de carne oscura

 

Puede que yo sea

niña fingida

de una primavera atávica

para que nadie sepa

cuánto tiempo hace que en mí

dejó la luna sus semillas

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Larga espera

de los días

y los ojos

en la luz que cambia

 

y después

años después

 

darme cuenta de que salí

pero me llevé conmigo

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

En la alegría

el corazón se nos ensancha

como un níspero afiebrado

 

fruta exquisita

con un centro de hueso

que a ellos les molesta

entre los dientes

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

Este ojo mío

es una ranura

por la que espío

cómo duermen los niños

en esos lechos duros

como un hueco

de una tumba

 

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

 

 

Los niños de Japón

Alejandra Correa

Ediciones Recovecos, 2010

ISBN 978-987-1414-62-8

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