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Antón Chéjov

“El repulsivo terror con que suele hablarse de la muerte estaba ausente en el dormitorio. En la paralización general, en la postura de la madre, en la indiferencia del rostro del médico había algo que atraía, algo que conmovía el corazón, aquella leve y difícilmente asible belleza del dolor humano que aún no aprendieron a comprender y describir y que, al parecer, sólo la música sabe transmitir. Hasta en el sombrío silencio había belleza; Kirilov y su mujer callaban sin llorar, como si, además del peso de la pérdida, se percatasen del lirismo de la situación…”

…”En los dos se reveló marcadamente el egoísmo de los desgraciados. Los desgraciados son egoístas, maliciosos, injustos, crueles y menos capaces aún que los tontos de comprenderse uno al otro. La desgracia en lugar de unir, separa a la gente, y hasta allí donde parecía que los hombres debieran estar ligados por el dolor común, se cometen muchas más injusticias y crueldades que en un medio relativamente satisfecho”.

Antón Chéjov y su mujer Olga Knipper Antón Chéjov y Olga Knipper

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