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ALTO EL PERÚ fotografía de Manja Offerhause

Ella duerme en el ángulo de la ventanilla, su niño de ojos abiertos entra acaso en el calidoscopio naranja y verde de la cortina recogida en abanico, cada círculo otro ojo con una pupila tan oscura como la que lo está mirando, y entre la madre y el niño el ojo ciego del seno descubierto, su pupila rosada viéndome llegar, sentarme en la banqueta de enfrente, mirón de eso que mira, el seno curtido y estropeado de la muchacha dormida, astro diminuto en torno al cual se diría que las dos cabezas giraban armoniosas hasta que mi llegada las fijó en lo alto y lo bajo, sueño y vigilia como grandes lunas en torno al pequeño sol atezado que un movimiento de la mano ocultará en algún momento, la confusión pasajera, la sonrisa india velada por una distancia que nadie podría medir en kilómetros, en años luz.

 

Manja Offerhaus / fotografías

Julio Cortázar / textos

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