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Julio Cortázar

Vivo en un ojo, una casa ojo que compré en un bar del puerto, sin notario ni papeles, y cuyo precio se pagó con gin, vivo allí, cerca del mar, entre árboles y dunas, y es un ojo que mira el mar siguiendo sus movimientos que tienen el mismo ritmo que su párpado. Me gusta vivir en esta casa todo ojo violeta, con su gran vidriera irisada y su gong negro en mitad del aire. No es un faro mi casa, ni un fuerte. Vivo en un ojo que mira sin objetivo, un ojo que se ve. Sé que un día verá la sirena, el alción, el leviatán, los sargazos, sé que un día saldré de mi casa para encontrar, en la playa, un Holandés que me estrechará en sus brazos.

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