Etiquetas

, , ,

El trino del diablo de Daniel Moyano

 

1

Sobre el arte de fundar ciudades

La fundación de la ya desaparecida ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja se debe a un error de un grupo de oficiales del ejército español, que entendieron mal una orden recibida del Capitán General Brigadier Don Juan Ramírez de Velasco, en 1591.

Viendo el fundador que su orden había sido mal interpretada, indagó:

—¿Qué habéis hecho, pardiez?

—Hubo un error en los mapas y la ciudad se fundó mal, es decir, en otro lugar.

Viendo Ramírez de Velasco que fundar una ciudad en medio del desierto, lejos de los demás centros, en un lugar que no era ni norte, ni centro, ni noroeste, podía traer algunas complicaciones prácticas futuras, además de los problemas metafísicos de entidad, origen y todo lo demás, pensó que sería prudente anular lo hecho. Pero el escribano de la expedición, un poeta extremeño amigo de discutir, dijo que era imposible desfundar la ciudad y anular las actas labradas en nombre del Rey.

Ramírez y sus ayudantes se reunieron para tratar la situación y decidir algo. Habló entonces su asesor en futurología, quien predijo grandes plagas, sequías, pestes y otros males menores para la novísima ciudad. Por su curiosa situación geográfica, además de ser difícil el acceso también sería difícil la salida, por el desierto y la distancia. La gente no conseguiría trabajo, habría hambre, y los más fieros se alzarían en armas contra el poder central. Difícil de gobernar, estaría signada por las intervenciones militares, el calor y las moscas.

Cuando los demás oficiales de su planta mayor dijeron estar de acuerdo con los pronósticos del futurólogo, Ramírez se agarró la cabeza.

—Buena la habéis hecho —dijo, añadiendo para sí: cabrones.

Tras muchas horas de deliberaciones y viendo que la situación no podía ser resuelta con  un decreto, tanto Ramírez como sus ayudantes hallaron que el problema tenía modos positivos. Una ciudad así desarrollaría grandes teólogos, artistas de todo tipo y hombres en devenir. No sólo de pan vive el hombre, y además posee un alma inmortal de la que tendrá que dar cuenta al Supremo Hacedor, según graznaba el Escribano.

Los oficiales, enfervorizados, pensaban y opinaban sobre las posibilidades que, dentro de sus precariedades, tendría la nueva ciudad. Ramírez, tras su apoyo inicial a las nuevas ideas, resolvió callar y oír a sus ayudantes, que daban gracias al Destino por haber cometido el error antes vituperable. El sacerdote del grupo, un cura lampiño, defendió lo mejor que pudo a los pobres del futuro, estableciendo así un remoto antecedente para los curitas del Tercer Mundo.

Un arcabucero medio extremista, viendo que Ramírez dejaba hablar a todos, defendió el ascetismo teológico de las áridas tierras donde acababan de fundar la ciudad y dijo que las tierras fértiles, los ríos y los lagos quedasen para los imperialistas del futuro mientras La Rioja, con su pobreza, sería la tierra de la eterna esperanza.

Ramírez de Velasco, que callaba trazando signos extraños en el suelo con la punta de su bota, mandó callar también a sus alféreces y ordenó al escribano agregar en el acta de fundación: “Otrosí digo, que toda persona que bajo este cielo naciere, será debidamente indemnizada por el Rey”.

Las sabias palabras del fundador daban razón al sueño de los alféreces, que lograban atisbar en su fervor una ciudad feliz de los hombres indemnizados.

Pero las palabras de Ramírez se esfumaron en el delgadísimo aire, porque el Rey perdió sus colonias, éstas se fragmentaron y cayeron en la imponderabilidad de la Historia, el Rey mismo cayó, y pasaron los siglos, y toda promesa fue perdida y toda culpa perdonada.

Desde su fundación hasta su reciente desaparición, la ciudad fue regida por el azar, que después de todo demostró ser mejor que muchos planes de desarrollo. Al azar de su geografía se sumó el azar de su historia y de su gente. En la ciudad, además del santo violinista San Francisco Solano, que llegó desde España para evangelizar a los indios mediante el sencillo procedimiento de tocarles el violín cada vez que éstos decidían rebelarse contra la autoridad  española, nació y creció Triclinio, un personaje completamente desconocido.

—Lástima de Rioja —exclamó Ramírez de Velasco cuando el escribano hubo terminado la enmienda.

—Qué va —lapidó el futurólogo—, no será peor que el país al cual pertenezca.

 

2

Trata de quién era Triclinio, de sus padres meleros y de sus mecanismos de defensa

Los padres de Triclinio vivieron mucho tiempo de una vaca que tenían, pero se les murió durante las guerras civiles y entonces compraron una cabra. Con la cabra amamantaron a casi todos los hijos, hasta que la cabra murió de vieja. Entonces el hombre meditó profundamente, miró el desierto que lo rodeaba y pensó que tendría que desarrollar algún mecanismo de defensa.

Dispuesto ya a aceptar alguna modificación sustancial en su propio organismo para poder sobrevivir, vio dos insectos que pasaban volando. Buscaban un nido donde iniciar sus actividades primaverales, y como en el desierto no quedaba nada útil como para hacer un nido, los insectos andaban desorientados. El viejo les tendió una especie de lecho de madera, y allí se instaló la primera colmena. Al año siguiente estaba mandando miel a Buenos Aires, y de allí a Londres y Rotterdam.

A cambio de miel, el viejo recibía en pago grandes cantidades de revistas ilustradas, con hermosas historietas y tapas de color. Así adquirió una gran cultura que le permitió viajar con la imaginación por los países más apetecibles del mundo, aprendió algo de historia y logró mejorar sus planteles.

Pero las abejas debían ir cada vez más lejos a buscar las flores necesarias para la miel, y habiendo ya agotado las flores de Catamarca, San Juan y otras provincias vecinas, enflaquecieron como Triclinio, que fue amamantado con miel. ¿Qué comeremos si se mueren las abejas? Y ese chico todavía no sabe hacer nada, y será cada día más flaco, pensaba el viejo observando la transparencia de las abejas.

Los hermanos mayores de Triclinio sabían ordeñar, trenzar cueros, capar toros, cabalgar y otras cosas semejantes. Aprendieron todo eso aconsejados por el gobierno y están inscriptos en el padrón provincial para ocupar cargos en su especialidad el día que se desarrollase la ganadería en la provincia. El viejo prefirió que se preparasen para la ganadería, aunque luego se ganase menos que en la industria, porque sin duda la ganadería comenzaría a desarrollarse antes. Incluso no tenía problemas para ir practicando ordeñe, ya que podían hacerlo una vez por semana en la vaca del gobernador.

Los hijos mayores, pues, tenían el futuro asegurado para el caso de que hubiese futuro. ¿Pero qué pasaría con Triclinio, cada vez más flaco?

Entre las revistas venidas de Buenos Aires hubo una que revoloteó por la imaginación del viejo. Hablaba de Paganini, un violinista que después de inventar el violín lo llenó de monedas de oro y compartió el lecho de una hermana de Napoleón. No estaba mal. Triclinio era tan flaco como los dibujos que representaban al diabólico instrumentista, incluso se le parecía. Además, si tocar el violín era tan difícil como allí se decía, el que lograra poseer su técnica sería muy bien pagado.

Este deseo secreto flotó en el viejo durante mucho tiempo, mientras él trataba de encontrar la posibilidad para que Triclinio estudiara antes de que las abejas, de transparencia en transparencia, tuviesen por fin la misma calidad del aire y desapareciesen.

En las respetables noches de verano, mientras toda la familia esperaba afuera, cerca del olivo, que corriese alguna brisa, el viejo nutría la flotación de su pensamiento pidiéndole al hijo menor que levantase una mano contra la luna y estirase los dedos. Y se deleitaba mirando en ella un  montón de notas que dormían como en el arpa de Gustavo Adolfo Bécquer.

Una de esas noches el viejo, sentado al borde de la acequia, llamó a Triclinio y le contó la vida de Paganini. Enardecido por el relato, dejó pasar la luna sin sentirla y sin ver que Triclinio en vez de oírlo estaba distraído viendo correr el agua de la acequia. La técnica que había desarrollado Paganini lo hacía el hombre más apto de toda Europa. La reina de Inglaterra se arrodilló ante sus pies, mientras la hermana de Napoleón se arrastraba detrás de él suplicándole cosas. Ganó todo el dinero del mundo, y después lo tiró al Sena. ¿Qué más podía pedírsele a la vida?

Hizo una pausa y miró a Triclinio. ¿Te gustó? ¿Qué te parece?

¿Cómo? ¿Qué pasa? Preguntó Triclinio. Y después: perdón, no pude oírte bien, estaba escuchando el agua de la acequia, eso me distrajo. ¿De qué se trata?

Al viejo lo preocupó una vez más la distracción repetitiva de su hijo de su hijo. ¿Qué pasa? ¿Por qué nunca entendés nada?, trató de preguntarle. Porque nunca entiendo nada, fue la respuesta. ¿Y qué es lo que pasa cuando no entendés nada, si se puede saber? Triclinio lo miró tontiloco y dijo ¿cómo? Y el viejo: que qué pasa cuando no entendés nada, caramba. Se me llena la cabeza de sonidos, eso pasa; ahora tengo todo el sonido de la acequia, y esto me va a durar varios días.

Esta era la única posibilidad que tenía Triclinio de contemplar el mundo bastante complicado que lo rodeaba.

La obra de Daniel Moyano está atravesada por la música, acá los links de algunas obras que se mencionan en El trino del diablo:

El trino del diablo de Giuseppe Tartini

Romanza Andaluza de Pablo de Sarasate interpretada por David Garrett

. . . . . . . . . . . . . . .

Los fragmentos de la obra de Daniel Moyano que se citan en este blog pertenecen a los siguientes libros:

Tres golpes de timbal | Ed. Sudamericana 1990

Tres golpes de timbal | Alción Editora 1º edición 2012

Un silencio de corchea | Colección La ciudad de los naranjos | Biblioteca Mariano Moreno, de La Rioja

La espera y otros cuentos | Biblioteca básica argentina 1992

El oscuro | Ed. Sudamericana 1º edición 1968

La lombriz | Nueve 64 ediciones 1964

El trino del diablo | 1º edición Ed. Sudamericana 1974

Una luz muy lejana |  Ed. Sudamericana 1º edición

El libro de navíos y borrascas | Editorial Gárgola

Dónde estás con tus ojos celestes |  Editorial Gárgola

Un sudaca en la corte |  Caballo negro editora

En la atmósfera | Editorial El mensú

El vuelo del tigre | Legasa literaria 1981

Las fotografías de Daniel Moyano fueron tomadas de internet y pertenecen al Archivo de Fotografías de Daniel Moyano, que se aloja en el Archivo Virtual Daniel Moyano, en el Centre de Recherches Latino-américaines de la Université de Poitiers, en Francia. 

http://www2.mshs.univ-poitiers.fr/crla/contenidos/Moyano/Presentacion.html

http://amerika.revues.org/5739

 

 

 

Anuncios