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Fernando Toloza

Mirar cómo flotan,

yo diría cabeza abajo,

algunas ramas en la piscina;

observar los virajes raudos

de las chinches en el agua.

Parecen maneras ociosas del agua,

que en condiciones tales

no tiene salvación.

Necesitaría años para renacer

y la soledad

de una verde podredumbre.

○ ○ ○

Pusimos una mesa bajo el nogal

y un banco al sol.

Después llovió

y esa amistad que quisimos forzar

no prosperó.

El agua es capaz de formar fisuras

en laderas más resistentes,

de formar olas sin afinidad

en la mesa y el banco,

de convertir a los amigos

en náufrago y naufragio.

○ ○ ○

Mañana en la ventana

El aire es más pesado,
como para quedarse sentado aquí
con cada respiración.

Yo tenía una forma alegre de despertar,
las mañanas cantaban para mí.
Hoy me levanto y el día me atrapa
en su ratonera.

Cerré la puerta para esconderme.
Un golpe en la madera me molestó.
Era un llamado amable
y yo quería un hachazo.

Me saludó y su saludo
era el desaire. No tenía que estar
ahí con mi cara de buey.
Pero insistí, porque el cuerpo
también es de buey.

Cae la basura en una bolsa
desde el piso de arriba a la calle.
Ojalá me atreviera a tirar la mía.

Otra vez estoy perdiendo el tiempo.
No amo a nadie ni sé qué es.
Me miro a mí mismo como una polilla
que gira alrededor de la lámpara.

Me río porque estoy seco.
¡Qué jardín convertido en piedra!

Están todos llenos de orgullo y yo,
con mi vergüenza, no hago más
que tropezar con ellos.

Estoy contento, dijo el bobo.
Lo acepto sin necesidad
de que me lo digan.

Pido perdón pero no
quiero ser olvidado.
Me miro allá lejos
y todavía no he despertado.
Sueño que me han querido,
el regalo de Reyes bajo el brazo
y la mañana de enero
junto al río temprano
para que nadie nos vea.
Fue una vez, como en los cuentos.
Para eso me ha servido la belleza:
cada mañana en la ventana
me está diciendo adiós.

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