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Silvalandia - conciertos desconcertantes

 

Conciertos desconcertantes 

Los adultos y los niños están de acuerdo sobre cualquier cosa en Silvalandia, pero en materia de música tienden a hacerse una idea bastante diferente. Como hasta ahora los adultos parecen ser los únicos en haberse dado cuenta de esto, las cosas siguen adelante sin mayor inconveniente y es así que el Gran Gaitero se instala los jueves en la plaza, asistido por el guacamayo Filiberto que tiene a su cargo el suministro de aire para la gaita.
El hecho de que Filiberto se disfrace de manera tan ingeniosa que pocos llegan a advertir dónde tiene la cabeza y dónde la cola, no cambia la gravedad de ciertas observaciones oculares que los adultos han llevado a cabo y que los consterna considerablemente. Por su parte, armado de la gaita cuadrada que proviene de remotísimos tiempos, el Gran Gaitero toca variadas melodías que los niños corean entusiasmados. En Silvalandia la música es muy simple, y cualquiera puede cantarla utilizando palabras que brotan espontáneamente de los sucesos del día o las lecciones de la escuela. A veces a algún niño se le escapa una mala palabra, que son siempre las más espontáneas, y el Gran Gaitero se queda sin aire durante varios compases porque el guacamayo Filiberto es incapaz de resistir a las convulsiones de risa que tanta espontaneidad le provoca; pero ha habido otros casos en que la afluencia de aire ha sido tan intensa en esas circunstancias, que el Gran Gaitero ha tenido que sacar todos los dedos de los orificios para que la venerable gaita no se convirtiera en un montón de pelusas.

Durante estas amenas recreaciones, la lombriz Corina se dedica a evolucionar con gran vivacidad en torno a los músicos; faltaríamos a la verdad si no dijéramos que es ésta una de las cosas que más preocupan a los adultos, pero no abundaremos en detalles.

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