Janísima en su jardín

Removió mi rostro de un

paisaje traspapelado

en la ventana de un tren.

Trazos indefinidos

—de un reflejo— que

amorosamente

completaba la lluvia.

 

Lo recostó sobre una lengua

empeñada en representar la

palabra presente.

—Como si presente, y lengua,

pudiesen procurar un hogar;

quiero decir:

la voz de la lluvia

que siempre viene del futuro

y germina y brota o se desliza

sobre un jardín que

acompaña los costados de un tren—.

 

No tuve otra opción que invocar a la lluvia y

correr.

Correr hacia el futuro.

 

Mi hogar es la foto de

un nido sobre la lluvia

en la ventana de un tren

que no sabe si

avanza

o retrocede,

quiero decir:

un tren hecho de lluvia o tiempo

que viene siempre del futuro a

completar el mismo rostro.

 

La silueta

y el paisaje

del mismo rostro que

dejé atrás

y me alcanza,

sobre un jardín

a los costados de un tren.

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